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Grandes tecnológicas 20 de abril de 2026 5 min read

Uber apuesta 10.000 millones de dólares por los robotaxis sin desarrollar un solo sistema de conducción autónoma

Uber compromete más de 10.000 millones en despliegues de vehículos autónomos a través de participaciones y compras de flotas, con el objetivo de operar en 28 ciudades en 2028.

Uber apuesta 10.000 millones de dólares por los robotaxis sin desarrollar un solo sistema de conducción autónoma

Uber ha comprometido más de 10.000 millones de dólares en despliegues de vehículos autónomos sin desarrollar un solo sistema de conducción propio. El anuncio, reportado por el Financial Times, es la declaración más clara hasta la fecha de que Uber pretende ser el dueño de la capa de distribución de vehículos autónomos, del mismo modo que domina el sector del transporte bajo demanda.

La estructura del capital es reveladora. Unos 2.500 millones irán como participaciones accionariales en desarrolladores de tecnología autónoma, con Nuro y Wayve como socios confirmados. Los restantes 7.500 millones financiarán compras directas de flotas, vinculadas a hitos de despliegue. Uber compra vehículos cuando los operadores alcanzan objetivos de uso: compromisos ligados al rendimiento, no un cheque en blanco.

El calendario de despliegue es ambicioso. Al menos 15 ciudades recibirán servicio de robotaxis en 2026: San Francisco, Los Ángeles, Londres, Dubái y Múnich están confirmadas, con mercados adicionales aún sin anunciar. El objetivo para 2028 es llegar a 28 ciudades activas y capturar el mayor volumen de viajes autónomos en cualquier plataforma del mundo.

La lógica de negocio de Uber no ha cambiado desde 2010: construir el lado de la demanda — los viajeros, el enrutamiento, los precios dinámicos, los seguros, la resolución de disputas — y dejar que el lado de la oferta compita por acceder a esa demanda. La empresa nunca ha tenido coches en propiedad ni ha contratado conductores profesionales. No tiene intención de empezar ahora.

Lo que sí ha cambiado es que el lado de la oferta autónoma ya funciona. Waymo completó más de un millón de viajes autónomos en San Francisco el año pasado. WeRide opera comercialmente en más de 30 ciudades. La incertidumbre tecnológica que volvió tóxica la inversión en vehículos autónomos entre 2020 y 2024 se ha disipado en gran medida. La pregunta que queda es la de la economía de unidades a escala, y Uber apuesta a que controla la variable más importante: la densidad de demanda.

Las participaciones accionariales también cumplen una función estratégica más allá del retorno financiero. Un desarrollador de autonomía con participación en Uber tiene menos incentivo para construir su propia app de movilidad cuando su tecnología madure. Uber asegura la alineación de intereses antes de que eso se convierta en una amenaza real.

La principal incógnita es Waymo. La empresa de Alphabet ya tiene su propio servicio al consumidor en San Francisco y Phoenix. Una alianza con Uber cubre algunos mercados, pero la tensión estructural es real: Waymo necesita menos la red de demanda de Uber que desarrolladores más pequeños como Nuro o Wayve. Si Waymo abandona esa alianza, la cobertura de Uber en los mercados de conducción autónoma más maduros se complica significativamente.

Por ahora, 10.000 millones de dólares es la apuesta pública de Uber de que la transición a la movilidad autónoma será un catalizador de crecimiento para su plataforma, no una amenaza existencial. La apuesta es que la distribución gana sobre el hardware, como ha ocurrido en cada ciclo tecnológico de consumo en el que Uber ha competido.

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